Lo mejor. No importaba la época. Íbamos a cada instante. Mi primo (el buen "sorka") y yo. A veces Renzo nos acompañaba. Era mejor si estaba completamente desierta. Entonces nos metíamos unas señoras caminatas. A lo lejos se veía una especie de alfombra roja, a medida que nos acercábamos empezaba a moverse. Los cangrejos daban un matiz especial a todas esas idas y venidas a la orilla del mar de Pimentel. Planeábamos viajar con nuestras novias y nuestras tablas. Seríamos los tres (o los seis). En algún momento, ellos olvidaron "nuestros planes". Un día "sorka" me dijo que lo del surf y los viajes eran sólo un jobi (algo así como cosas de chibolos) y a mí sólo me quedó seguir con el sueño.
autor: shantel
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En serio, hay veces en que no estoy de humor para el mundo (de algún lugar saqué eso). No es en realidad que esté molesto. Tan solo es una actitud como de " no estoy", como cuando una vez iniciada la sesión en el MSN se coloca "Ausente" (la mayoría de veces para no ser molestado). De forma similar funciono yo en ciertas ocasiones.
Aunque debo reconocer que este cambio se acentuó en la universidad, que dígase de paso es como asistir a una fiesta de disfraces: todos tienen una máscara. El que no la tiene es "raro". Creo que yo también llevo una; pero mi problema es que la he llevado durante tanto tiempo que ya no diferencio entre ella y quién se supone que soy.
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Hace poco hice un cortometraje. Fue mi primer trabajo y lo llamé "Por si se olvidan". Trata sobre un grupo se amigos del colegio a los que luego de seis años, egresamos en el 2000, entrevisté. Hablan acerca de sus planes para el futuro, sus metas, recuerdos, etc, etc. En fin, un buen pretexto para recordar todo aquello que nos hace ser lo que somos.
Es preciso mencionar que todos los que entrevisté eran gente muy preciada para mí y todos, también, miembros de una especie de hermandad, por así decirlo, llamada "Ancón". Una aglomeración de muchachos en torno a un muro que bañaban con petróleo para que nos dejáramos de sentar allí.
El nombre proviene de una calle donde quedaba la esquina en la cual siempre nos reuníamos desde hace más de diez años.
Sin embargo, debo aclarar lo siguiente: yo no vivía en el mismo barrio que ellos. Mi casa, en la que aún vivo (o a la que llego, porque estudio fuera de mi ciudad natal) queda en una avenida principal de Chiclayo. Ellos vivían, casi todos, en una zona residencial de clase media alta: Santa Victoria, conocida también como "Santa Viky". Lo sé, suena horrible.
Los conocí de a pocos y para cuando llegué ya tenían unos cuantos años de ser amigos. Yo comencé a frecuentarlos, desde un comienzo busqué su aceptación. Aunque al final lo conseguí, nunca llegué a sentirme uno de ellos. Los apreciaba y sabía que muchos me apreciaban a mí; pero no miento al decir que yo siempre me sentí una especie de "outsider".
El gordo "LuchoPaco" sale en el corto'.También Renzo, mi mejor amigo y primo del gordo (fue la primera persona con la que conversé cuando llegué al colegio "Manuel Pardo"). Aparece también Iván, el es un tipo duro, su apariencia puede confundir a la gente. Bastante delgado, alto y de mirar desconfiado; pero sí que sabe cómo usar los puños (y los pies). Su hija acaba de nacer hace unos días.
El otro es Ricardo. Le dicen "Brutus", tiene que ver algo con "Popeye", es uno de los más sensibles y nobles; pero creo que todo ello lo reviste con bromas y palomilladas.
Cuatro personas, cuatro vidas y cada uno con su propia historia. Gente común.
El cine que pienso mostrar a mi país (y al mundo) se sostiene sobre dos pilares:
Uno: todos, no importa quién, somos protagonistas de una historia. Somos las estrellas de nuestra propia película. Por momentos fascinate, en ocasiones muy dura; pero todos somos protagonistas de momentos que pueden gestar las mejores historias para plasmarlas en una película.
Dos: de alguna manera (no sé cómo) al final, las cosas salen bien. Nada es casualidad y todo es causalidad.
¡Y claro! Volviendo al tema. Los "anconeros" siguen juntos hasta hoy. Hay gente que ya no está, gente que llega. Es curioso, muchos otros grupos que surgieron en la misma época con nombre y personalidad definida, cual pandilla de película norteamericana, han quedado en lo anegdótico. De ellos sólo se ve a unos pocos que aún frecuentan los mismos lugares, las mismas fiestas. Ni las drogas, ni las chicas, ni su dinero les aseguraron la supervivencia. Quizás les faltó algo que en "Ancón" se cultivó: la sinceridad y el apoyo mutuo. No todos eran de mala calaña, quízás sólo se dejaron llevar por el grupo o por el momento.
La misma esquina, la misma ciudad y en escencia la misma bondad de personas. Yo agradezco haberlos conocido a cada uno de ellos.Porque gracias a ellos en algo, o en mucho, soy mejor persona.
Como diría mi "hermano" (hoy a miles de kilómetros de distancia) Alberto Valencia, eso es lo que cuenta de una relación: que nos ayude a crecer.
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